Hay una pregunta que Yuli Fang Alandette, Directora de Desarrollo Personal de la Vicerrectoría de Autonomía y Éxito Profesional de la UTB, escucha con frecuencia creciente entre los jóvenes que llegan a la universidad:
- ¿Para qué estudiar una carrera si puedo aprender lo mismo en YouTube?
La respuesta que da Yuli, psicóloga con Maestría en Desarrollo Humano y Calidad de Vida, va bastante lejos de lo que cualquier plataforma de cursos podría ofrecer.
- «La carrera profesional forma personas capaces de pensar, decidir y actuar con criterio en escenarios complejos, no solo para ejecutar tareas específicas».
Y es que en un mundo donde la inteligencia artificial automatiza procesos a una velocidad sin precedentes, esa distinción se vuelve decisiva. Porque la educación técnica y los cursos cortos responden a necesidades inmediatas del mercado, pero la formación universitaria construye algo distinto y, en cierta medida, más duradero: una comprensión profunda de los fenómenos humanos, organizacionales y sociales, junto a la capacidad de integrar conocimientos, leer contextos y anticipar consecuencias. Construye identidad. Construye criterio. Construye sentido.
Esta guía recoge la perspectiva experta de Fang Alandette para explorar, qué gana realmente quien elige cursar un pregrado universitario hoy.
| Acerca de Yuli Fang Alandette: Magíster en Psicología con énfasis en Desarrollo Humano y calidad de Vida de la Universidad del Norte. Especialista en Gerencia del Recurso Humano y Psicóloga, egresada distinguida de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Con formación en el área pedagógica a través de Diplomado en Habilidades Docentes y en Educación Virtual. |
Una carrera profesional no compite con la IA ni con los cursos online. Los articula.
Cuando un joven llega a la universidad con el celular lleno de cursos de Coursera, certificados de LinkedIn Learning y tutoriales especializados, Yuli Fang Alandette ve una señal positiva, y también una oportunidad pedagógica importante.
- «La carrera profesional no compite con la educación técnica ni con los cursos online; los articula y les da sentido».
Es la base que permite aprender de forma continua, adaptarse al cambio tecnológico y usar la IA como aliada, sin perder de vista el bienestar humano, la ética y el propósito del trabajo.
La distinción es relevante porque la formación técnica responde a necesidades inmediatas del mercado: aprender una herramienta, ejecutar un proceso, certificar una habilidad puntual. La carrera universitaria opera en otra dimensión. Desarrolla la capacidad de integrar conocimientos de fuentes diversas, analizar el contexto en el que esos conocimientos se aplican y anticipar las consecuencias de cada decisión sobre personas, organizaciones y sociedad.
Dicho de otro modo, quien estudia una carrera aprende a preguntarse por qué y para qué, antes de ejecutar el cómo. Esa capacidad de cuestionar las respuestas rápidas es, paradójicamente, lo que la automatización difícilmente reemplazará.
El éxito profesional es un proceso que se diseña, no un destino
Hace una generación, el éxito profesional tenía una imagen bastante nítida acerca de un cargo estable, un salario creciente y una trayectoria ascendente dentro de una misma organización. Los jóvenes que ingresan hoy a la universidad traen una idea distinta, y Fang Alandette lo observa de cerca en su trabajo cotidiano.
Para esta generación, el éxito implica conocerse, elegir, adaptarse, aprender de forma continua y mantener coherencia entre el trabajo, los valores personales y el bienestar. En un mercado laboral marcado por la tecnología y la incertidumbre, tener éxito es poder diseñar el propio camino.
Lo que está en el centro de esa redefinición es la autonomía, entendida como la capacidad de tomar decisiones conscientes sobre el propio desarrollo profesional. Una autonomía que, según la directora, la universidad construye de manera sistemática a través de la práctica, la investigación, el trabajo colaborativo y la exposición a escenarios reales.
- «Más que alcanzar una meta fija, el éxito profesional se vive como un proceso dinámico, donde la autonomía, el sentido y el crecimiento sostenido son centrales».
Los estudiantes buscan sentirse protagonistas de su trayectoria, con espacios para equivocarse, reinventarse y encontrar propósito en lo que hacen. Eso interpela directamente a la universidad como institución. Su responsabilidad trasciende la preparación para el empleo: acompaña a los jóvenes en la construcción de una trayectoria que les permita navegar los cambios con criterio, responsabilidad y sentido humano.
Lo que la universidad desarrolla y la experiencia operativa sola tiene límites para construir
Existe una creencia extendida entre quienes dudan entre estudiar o entrar directo al mercado laboral y es que los años de trabajo equivalen, o incluso superan, a los años de formación universitaria. La directora Fang Alandette entiende esa lógica, y al mismo tiempo identifica con precisión dónde se queda corta.
- «Trabajar temprano puede aportar experiencia práctica y resolver necesidades inmediatas; sin embargo, la formación universitaria permite construir una base sólida de competencias que difícilmente se desarrollan solo con la experiencia operativa inicial».
¿Cuáles son esas competencias? La directora las enumera con claridad: pensamiento crítico, criterio ético, habilidades comunicativas, capacidad de análisis complejo y toma de decisiones con responsabilidad social. A esas se suman la construcción de identidad personal y profesional, el trabajo colaborativo y la habilidad de integrar teoría y práctica en contextos reales.
La diferencia entre ejecutar una tarea y comprender su impacto es, precisamente, lo que distingue a un profesional de un operario calificado. Esa comprensión profunda se cultiva en el aula, en el laboratorio, en el proyecto aplicado y en la discusión académica. Se cultiva en la universidad.
En un mercado que exige profesionales adaptables, con criterio y visión de largo plazo, esa base formativa funciona como un diferenciador que amplía oportunidades y fortalece la proyección profesional a lo largo del tiempo.
Prácticas e investigación, donde la teoría se convierte en criterio profesional
Hay un momento en la formación universitaria que Fang Alandette describe como bisagra: cuando el estudiante sale del aula y se enfrenta por primera vez a la realidad de una organización, con sus tensiones, sus decisiones y sus consecuencias reales. Ese momento tiene nombre y tiene estructura, y se llama práctica profesional.
Las prácticas conectan la teoría con la realidad del trabajo y desarrollan autonomía, criterio profesional y sentido de responsabilidad. Pero su valor trasciende lo operativo. El estudiante en práctica aprende a leer contextos, a tomar decisiones con información incompleta y a asumir las implicaciones de sus acciones sobre personas y procesos reales.
La investigación, por su parte, opera en una dirección complementaria. Fortalece el pensamiento crítico, la capacidad de cuestionar supuestos, analizar con rigor y generar soluciones fundamentadas en evidencia. Forma profesionales que saben hacerse las preguntas correctas antes de buscar respuestas.
Juntas, prácticas e investigación producen algo que la formación técnica aislada rara vez logra. Profesionales capaces de comprender, decidir y transformar su contexto. En esa triada reside una de las razones centrales por las que estudiar una carrera universitaria sigue siendo una apuesta de alto valor.
Los intercambios internacionales como señal de madurez profesional
Cuando un equipo de talento humano revisa la hoja de vida de un egresado y encuentra una experiencia de intercambio, lo que lee va bastante lejos del dominio de un idioma o del prestigio de haber estudiado en el exterior. Yuli lo explica desde su experiencia acompañando trayectorias profesionales.
- «Para los equipos de talento humano, estas experiencias aportan señales de madurez profesional, flexibilidad cognitiva y potencial de liderazgo, elementos que diferencian a un candidato cuando se evalúa no solo lo que sabe hacer, sino cómo se relaciona, aprende y responde al cambio».
Y es que salir de la zona de confort geográfica y cultural activa competencias que el aula local difícilmente replica. La adaptabilidad, la inteligencia intercultural, la autonomía para gestionar contextos desconocidos y la capacidad de convivir con la diferencia son atributos que se forjan en la experiencia, en la incomodidad productiva de estar lejos de lo familiar.
En el perfil del egresado, un intercambio se lee como evidencia de una decisión valiente y deliberada. Alguien que eligió exponerse, aprender en condiciones de incertidumbre y relacionarse con personas de marcos culturales distintos, tiene recursos personales y profesionales que resultan difíciles de adquirir de otra forma. Eso, en entornos laborales cada vez más complejos y cambiantes, pesa.
Estudiar o trabajar, una decisión que merece mirarse con perspectiva de largo plazo
Es quizás la encrucijada más frecuente entre los jóvenes que terminan el bachillerato. ¿Entrar a trabajar ya, ganar experiencia e independencia económica, o invertir años en una formación universitaria cuyos frutos llegan después? Nuestra directora Fang Alandette ha acompañado esa duda muchas veces y su orientación apunta siempre en la misma dirección.
Trabajar temprano aporta experiencia práctica y resuelve necesidades inmediatas. Sin embargo, la formación universitaria construye una base de competencias que la experiencia operativa inicial, por valiosa que sea, difícilmente se consolida por sí sola. El pensamiento crítico, el criterio ético, la capacidad de análisis complejo y la toma de decisiones con responsabilidad social se desarrollan en un entorno diseñado para eso, con acompañamiento académico, exposición a escenarios reales y una comunidad de aprendizaje que amplifica el crecimiento.
Yuli invita a mirar la decisión con horizonte extendido. En un mercado que premia a los profesionales adaptables, con visión estratégica y criterio propio, el título universitario sigue funcionando como un diferenciador real. Abre puertas que la experiencia técnica acumulada tarda mucho tiempo en abrir por su cuenta, y lo hace desde una base formativa que fortalece la proyección profesional a lo largo de toda la trayectoria.
Estudiar una carrera universitaria es, en ese sentido, una inversión en la capacidad de decidir con autonomía sobre el propio futuro. Y esa autonomía, según Fang Alandette, es exactamente lo que los jóvenes de hoy buscan cuando imaginan el éxito.
Por qué estudiar una carrera profesional sigue siendo la decisión correcta
La pregunta con la que abre este artículo, la que Fang Alandette escucha con frecuencia entre los jóvenes que llegan a la universidad, tiene una respuesta que va mucho más allá de un título que puede enmarcarse en la pared o enviarse como adjunto en una solicitud de trabajo.
Estudiar una carrera profesional es construir la capacidad de pensar con criterio, actuar con responsabilidad y diseñar una trayectoria propia en un mundo que cambia a una velocidad sin precedentes. Es aprender a integrar conocimientos, a cuestionar supuestos y a tomar decisiones que afectan personas, organizaciones y sociedad. Es, en últimas, formarse para ser protagonista del propio futuro.
En ese camino, la Universidad Tecnológica de Bolívar acompaña a sus estudiantes desde una perspectiva integral. A través de prácticas profesionales, experiencias de investigación, intercambios internacionales y una formación orientada al desarrollo de la autonomía, la UTB prepara profesionales capaces de enfrentar escenarios complejos con criterio, adaptabilidad y propósito.
Porque el éxito profesional, como lo entienden los jóvenes de hoy y como lo articula Fang Alandette desde su experiencia, se construye. Se diseña. Y empieza con una decisión.
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