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Discurso de Alfonso Núñez Nieto en la ceremonia de reconocimiento y distinción como Profesor Honorario UTB

Señores miembros del Consejo Académico

Dr. Alberto Roa Varelo, Rector

Dr. Daniel Toro González, Vicerrector Académico

Dra. María del Rosario Gutiérrez de Piñeres Perdomo, Vicerrectora Administrativa

Dra. Ana María Horrillo, Secretaria General.

Directoras, Directores, Decanas, Decanos, Representantes de Profesores y Representantes de estudiantes,

 

Estudiantes, profesores, egresados, y amigos:

 

Me han pedido que en esta parte, comparta con este querídisimo auditorio una reflexión o una presentación. Y aunque pude mezclar las dos, elegí lo primero, pues el acto de la reflexión es lo que más distingue al ser humano de cualquier otro ser viviente.

Pero antes quiero agradecer con todas mis fuerzas a cada uno de ustedes por elegir compartir este momento conmigo. Sería interminable mencionar en una lista de agradecimientos a todos esos seres maravillosos que me han dado toda la inspiración, guía y ánimos para recorrer este camino de la docencia. Pero sin duda alguna, en ella, estarían cada uno de los miembros de mi familia, amigos, jefes, compañeros, colaboradores, directivos de la universidad, profesores, asistentes, auxiliares, vigilantes y obviamente estudiantes. De ustedes, completamente de ustedes, es este gran reconocimiento que hoy recibo pleno de orgullo.

Durante todos estos años en el ejercicio de la docencia he aprendido infinidad de lecciones. Pero para hoy, he escogido hacer mi reflexión sobre tres lecciones a las que le doy todo el valor, en especial porque con ellas he obtenido felicidad absoluta. Porque… ¿qué es el éxito sino FELICIDAD?…

 

LA PRIMERA LECCIÓN ES SOBRE AMAR A UNA INSTITUCIÓN

Mi colegio de bachillerato quedaba tan sólo a la vuelta de la cuadra. Quizás por ello, escasamente conocía el centro amurallado de Cartagena y me costó mucho llegar a la recomendada Universidad Tecnológica de Bolívar, la única universidad que me recibió a pesar de haber sido admitido en varias, pero por el hecho de ser remiso del servicio militar, me habían negado el ingreso. Esa es una de las grandes razones de mi profundo amor, admiración y respeto por esta institución.

Después de 41 años, esa decisión de la Universidad, me hace conexión perfecta con el primer valor de la agilidad: LAS PERSONAS Y LAS INTERACCIONES POR ENCIMA DE LOS PROCESOS Y HERRAMIENTAS.

Aunque soñaba con estudiar medicina, ingeniería de sonido, arquitectura y hasta ingeniería mecánica, la Universidad me ayudó a entender que lo que realmente me gustaba era estudiar y la permanente busqueda de la excelencia.

Los profesores se volvieron mis referentes y toda la motivación necesaria para que poco después de graduarme cumpliese mi sueño de estar como docente en un salón de clases, oportunidad que me dio por primera vez esta universidad.

Es sencillo amar y comprometerse con una universidad que no sólo te forma como persona y profesional, sino que te facilita los medios para cumplir tus sueños.

Allí recibí mi primera lección sobre el “Cómo amar a una institución”.

 

MI SEGUNDA LECCIÓN ES SOBRE “GIVING BACK” 

En el año 2007, me gradué en la UTB como especialista en Gerencia de Producción y Calidad. Justo cursando esa especialización, el profesor Humberto Corzo nos inspiró a certificarnos como Profesional en Gestión de Proyectos, PMP. Se convirtió en una obsesión que culminó con mi certificación. Superé la ansiedad de aprobar ese largo examen de cuatro horas y doscientas preguntas.

Pero pronto llegó otro temor: conservar la certificación. Había que completar unos puntos llamados PDUS y para ellos era necesario cumplir con varias cosas. Una de ellas me llamó la atención: GIVING BACK.

A pesar de que sabía lo ello traducía (DEVOLVER), no entendí en ese momento el verdadero y profundo significado que esta palabra tenía. El hecho era que después que un profesional se certifica, en retribución debe devolver a la profesión de la gerencia de proyectos, algún beneficio para el crecimiento de esta. Eso es GIVING BACK.

Eso es exactamente lo que debemos hacer con nuestra universidad. Al salir de ella con nuestro título, con nuestros conocimientos, vamos sacando el beneficio propio y eso no está mal. Algunos llegan más allá y entregan beneficios a sus familias… a la sociedad y al país. Pero lo que aprendí con GIVING BACK, y después de recibir tanto de la universidad, es que todos los egresados tenemos el gran compromiso de devolverle en algo a la universidad, porque ella nos hizo grandes.

Allí recibí mi segunda lección sobre “Giving Back to the University”.

 

MI TERCERA LECCIÓN ES SOBRE LA GRANDEZA QUE HAY EN TODO ESTUDIANTE

El Dr. Mario Alonso Puig (Puch), autor de infinidad de libros, en una conferencia relató la siguiente historia:

“La palabra educación, en el fondo, quiere decir «sacar de dentro», es decir, no somos cubos vacíos que hay que llenar, si no fuegos que hay que encender.

En 1951, en la ciudad de Detroit, nació un joven, un chico de color que pronto sufre lo que es la pérdida, porque siendo jovencito el padre se va y se queda la madre, una mujer que no tenía estudios y que se había dedicado a cuidar de sus hijos. Entonces se ve con el reto de sacar adelante una familia sin ninguna ayuda económica. Así pues, se dedica a limpiar hogares y hacer aseo en hospitales.

En los años cincuenta con la discriminación racial, el jóven de color y muy pobre, se fue destacando, no por su talento, sino por lo que en su momento consideraron estupidez, y por su temperamento violento. Cualquiera hubiera imaginado que este jóven acabaría, sin duda, en una cárcel o muerto en combate entre pandillas.

Como refugio, entonces, el jóven pasaba mucho tiempo viendo televisión, hasta que un día su madre decidió que iba a ver menos televisión y se iba a dedicar más a leer libros, y le obligó a ir a la biblioteca pública. Así fue como el joven Benjamin empezó a enamorarse de los libros. Bejamin tenía pésimas notas y estaba a punto de ser expulsado del colegio.

Pero había un profesor, el profesor de ciencias, que verdaderamente era un maestro y creía que en todo ser humano hay grandeza, y que la misión de un maestro era ayudar a que ese potencial se desplegara y floreciera. Pero no conseguía que Benjamín, de alguna manera, respondiera a los distintos intentos que había hecho para que ganara confianza en sí mismo.

Un día, el maestro aparece con una piedra muy rara, la levanta delante de la clase y pregunta: «¿Qué es esto?», se produce un silencio porque nadie sabe lo que era, salvo una persona, Benjamin. Pero Benjamin era el tonto de la clase.

Y.. ¿por qué lo sabía Benjamin?, Benjamin lo sabía porque en la biblioteca pública se había dedicado a leer libros de ciencia y por cosas de Dios, quien sabe, había encontrado libros sobre minerales y había una foto de esa piedra. Pero Benjamín con la etiqueta del tonto de la clase no se atreve a hablar. Porque a veces uno mismo mata la respuesta antes de que nazca.

Así que el profesor insiste: «¿De verdad que nadie sabe lo que es esta roca?», y, tímidamente, Benjamin alzó la mano. El profesor mantuvo un espíritu curioso, interesado, él sabía que en todo ser humano hay grandeza, la buscaba, la llamaba constantemente. «¿Benjamin, tú lo sabes?», «Sí», «¿Qué es?», «Obsidiana», «Correcto». Dijo: «¿Sabes algo más de la obsidiana?», y vaya que si sabía el joven Benjamin. Y empezó a hablar sobre la obsidiana, las temperaturas elevadísimas, luego el frío cómo cristaliza la roca, etcétera, etcétera.

Lo que podría parecer una cosa sencilla, sin más importancia, banal, supuso un antes y un después en la vida de este chico, porque él recuperó la confianza en sí mismo, creyó que era posible aprender, creyó en sí mismo, creyó que a pesar de su triste cuna, por decirlo de una manera, podría tener un brillante futuro. Este chico pasó de ser el último de la clase a ser el mejor estudiante de su colegio, hizo realidad su más profundo sueño, que era absolutamente imposible, ser médico, se convirtió en el mejor neurocirujano infantil de la historia, el profesor Ben Carson. – Esta historia ampliamente narrada en película GIFTED HANDS, basada en hechos reales.

Ben Carson en 1987 hizo una operación de separar a dos gemelos siameses unidos a nivel craneoencefálico. Todas las cirugías que se habían hecho hasta aquel momento para separar lo que se llama malformaciones craneoencefálicas, habían sido un fracaso. Los niños habían muerto en la mesa de quirófano.

En esta operación, en 1987, intervinieron setenta profesionales de la medicina y duró veintidós horas, los dos niños salieron adelante, vivieron y estuvieron bien y sanos. Él aplicó técnicas especiales de cirugía cardíaca a la neurocirugía, cosas que a nadie antes se le habían ocurrido.

Entonces, mi tercera y última lección es: en todo ser humano hay potencial, en todo ser humano hay grandeza, y debemos tener la disposición a crear espacios de oportunidad para que esas personas puedan demostrar lo que son.

Aquí están mis tres lecciones aprendidas: AMAR UNA INSTITUCIÓN, GIVING BACK y EN TODO SER HUMANO HAY GRANDEZA, son cosas que hoy aprecio como un gran tesoro porque me han llenado de felicidad.

Este título honorífico no solo representa el reconocimiento a lo realizado, sino también a la valiosa contribución de cada uno de ustedes en mi camino como educador. Gracias por ser mis alumnos, gracias por ser mis colegas, gracias por ser mis amigos, gracias por ser mi familia.

Y nunca olvidemos:

¡Somos una generación que tenemos la responsabilidad de dejar huellas imborrables en la humanidad!.

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