Por: Elsy Domínguez De La Ossa. PhD. Directora de la Maestría en Intervención Psicosocial.
Las recientes inundaciones en el Caribe colombiano han dejado a miles de familias enfrentando no solo pérdidas materiales, sino también profundas heridas emocionales que alteran su cotidianidad, sus vínculos y su sentido de seguridad.
En estos escenarios, la intervención psicosocial adquiere un papel fundamental: no se limita a brindar acompañamiento emocional, sino que promueve procesos de recuperación integral que fortalecen a las personas y a las comunidades desde sus propios recursos, significados y proyectos de vida. Desde el enfoque humanista–existencial, la intervención reconoce que toda crisis —incluidas las generadas por desastres naturales— confronta a las personas con preguntas esenciales sobre la vulnerabilidad, el propósito y la continuidad.
El sufrimiento emocional no es solo una reacción a la pérdida; es también una invitación a reconstruir sentido. Por eso, acompañar a quienes enfrentan estas emergencias implica validar su dolor, favorecer la expresión emocional y ayudarles a reencontrar su capacidad de agencia en medio del caos.
En el plano individual, herramientas como la escucha activa profunda, la clarificación de emociones y el fortalecimiento de la autonomía permiten que las personas identifiquen sus recursos internos para enfrentar la crisis. Se busca que recuperen la sensación de control, puedan reorganizar sus prioridades y se sientan acompañadas en la tarea de reconstruir su mundo íntimo. A nivel comunitario, la intervención psicosocial promueve espacios colectivos donde se comparten relatos, miedos, aprendizajes y esperanzas. Estos escenarios son vitales para restaurar el tejido social, disminuir el sentimiento de aislamiento y activar la solidaridad como fuerza curativa. Los círculos de palabra, las acciones participativas de reconstrucción comunitaria y la identificación de liderazgos locales se convierten en prácticas que fortalecen la resiliencia colectiva.
La experiencia demuestra que la recuperación integral de las comunidades afectadas por las inundaciones no depende únicamente de la asistencia material. Requiere, con igual urgencia, profesionales capaces de acompañar procesos humanos complejos con sensibilidad, rigor y enfoques contextualizados.