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Reino de Pambelé y su gran rancho, la historia de un asentamiento y sus luchas en la búsqueda de su dignidad

Créditos
Rodrigo Rodríguez
Reino de Pambelé

Los nuevos vecinos del corregimiento de Bayunca estaban tan encariñados con el propósito de su barrio que lo bautizaron ‘El Nombre de Dios’. Con el tiempo, lo rebautizaron ‘Reino de Pambelé’: “Sabes, todo lo de Pambelé, lo que tiene y obtuvo, lo hizo fue peleando. Llegó a la victoria por esa vía; eso somos también nosotros”, dicen sus habitantes. Esta es su historia.

La penumbra del pasado 8 de abril de 2014, hablaba sobre las espaldas de un centenar de familias que, como nómadas, estaban en su propio suelo; habían dejado paredes solitarias y arrendadas, para buscar, en un terreno solitario de Puerto Adentro, un lugar en el que pudieran construir sus ranchos y abrirle también paso a los migrantes que llegaban a esta zona rural sin nada en sus mangas. Eso aseguró Aida Rodríguez, una mujer de casi 70 años, quien también consiguió ganas de donde no tuvo y ‘frenteó’ corte para tener su casa en la calle principal; donde siempre quiso vivir.

Llegaron a ser cuatrocientas personas, en medio de una casi selva, que poco a poco fue tomando forma, por la necesidad de cada uno. Aquí todos eran inmigrantes, no solo por oficio del término, pero sí adoptados, porque las condiciones no les importaban para creer que podía ser un lugar en el que se instalarían de manera definitiva.

En la mañana del 9 de abril, casi nadie se imaginaba una posible batalla campal, donde no se medía la fuerza, pero sí se reclamaba lo baldío, ya ocupado, porque se reconoció posesión de particular. Perjudicados, solitarios y atacados, eso aseguraba Aida, porque así veía a su gente mientras estaban parando ‘cambuches’ para pasar el día y la noche, mientras “legalizaban” el lugar.

En la lucha estaba Lineth García Castellano, muy amiga de Aida y quien también invadió el lugar, quien con sus hijos corrieron a casa de su madre, Mirasol Castellano, quien vive muy cerca, pero en un terreno legalizado. Allí se reunieron decenas de mujeres y niños, mientras el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), que ya había llegado al lugar, estaba tratando de entrar agresivamente para confiscar todo y tumbar cuanto ‘catre’ vieran; sin importar quiénes estaban allí. Aida oraba, porque cree profundamente en Dios, quien buscaba el consuelo ante el gran sueño que siempre tuvo en mente: su casita, aunque le doliera.

Cancha de fútbol de Reino de Pambelé // Foto: Rodrigo Rodríguez.

– “Lineth, no dejes ir a Aida”-, cuenta Aida que le decía Marisol Castellano [Q.E.P.D.] a su hija, porque siempre confió en que ella estaría acompañándola en este cuento, porque sí que para ella era un cuento que ahora resultaba gracioso, cuando dijo que se quedarían luchando en ‘Reino de Pambelé’. “Y más que venga la ‘catapila’ (Máquina Caterpillar), y nos eche en el batero, una posa que está ahí”-, explica con mucha gracia, calmada y consciente de todo el proceso y la lucha que han pasado en ocho años, y que aún sigue vigente.

Los nuevos vecinos en Bayunca [un corregimiento ubicado al norte de Cartagena de Indias] estaban tan encariñados con un propósito, que bautizaron ‘El Nombre de Dios’ a un terreno que, seguramente en vías legales, tendría futuro, explica Óscar Socarrás Torres, un politólogo de profesión, quien vive en Bayunca y entiende cómo se manejaron desde los primeros momentos la toma del lugar.

Nadie se imaginaría que esa figura de lucha no tendría un crédito humano, pues ese dato, confirma Aida, nunca lo puso en duda el abogado Dionisio Miranda [QEPD], al asegurar que sería propicio que se llamara Reino de Pambelé, porque – “Pambelé, lo que tiene y obtuvo, fue peleando. Llegó a la victoria por esa vía, eso somos nosotros”, dijo con tanta nostalgia. Pues, Dionisio fue el abogado del nuevo barrio, pero falleció el pasado 2021, habiendo ayudado en todo a la gente con la que se sentía identificada.

Así se rebautizó y, nada mal para el nuevo Reino de Pambelé que, el sobrino de Dionisio, quien también es abogado, sigue siendo una figura en este proceso de lucha para la gente. Un nuevo legado.

– “Esto se hizo por un hecho y un fin”-, así empezó a hablar Lineth García Castellano, líder del barrio, respondiendo a la organización y a la toma del lugar, al momento de darle a cada uno su ‘pedacito de predio’. “Para que las personas que necesitaban, en realidad, lo obtuvieran, y, quienes la necesiten, la vivan”, manifiesta García con templanza, porque en medio de la organización, el más ‘vivo’ iba por su tierra y luego la vendía, dejando atrás procesos legales que eran pertinentes para que se diera escritura a cada habitante.

Cada uno tenía su motivo, porque, precisamente, Aida Rodríguez tenía el sueño de volver al lugar donde pasó parte de su infancia y crecimiento. – “Yo conozco este terreno, yo conozco, yo soy bayunquera”-, me decía Aida, mientras sin vacilar contaba con nostalgia que sus bisabuelos, abuelos y sus tías tenían finca justo donde hoy están clavadas las estacas de su casa. Nada parecido con lo que tenían, pero para ellos esto es calificado, como algo más digno, y es lo que quieren.

Nada fue fácil para nadie, incluso, hay quienes reiteran que este resultado es positivo para ellos, porque haberse asentado en un terrero que ni les pertenece, ha abierto los ojos a la institucionalidad y al resto de la población, sobre la necesidad de una vivienda con propiedad. De hecho, Óscar Socarrás, quien sí conoce muy cerca esta lucha, pensó mucho su respuesta para sustentar que, aunque la constitución de un terreno implica la vivencia por diez años, ya la posesión está en manos de esta gente, de los nativos bayunqueros y algunos venezolanos”. Tiene futuro, en los años transcurridos, haber tomado riendas de la lucha y volver a Reino de Pembelé un espacio para la gente.

Quienes piensan que este terreno, en medio de las diferencias sociales y las complicaciones ambientales, no debe estar vigente, también aseguran que no se podría habitar porque supone un alto riesgo, dado que “está ubicado entre dos arroyos, el arroyo de Matagente y el arroyo del Batero”, precisó Estela Marrugo Díaz, quien fue presidenta de la Junta de Acción Comunal de Bayunca. – “Sobre el arroyo del Batero: una parte entraba por el barrio Puerto Adentro; por ahí bajaban todas las aguas hasta llegar al arroyo de Matagente. Lo que pasa es que, al colonizar, al construir viviendas, se van perdiendo los cauces naturales de los ríos y de los arroyos y se producen las inundaciones”-. Para Estela, es una situación que logra ser delicada por ser una zona de alto riesgo ambiental, de hecho, hasta los árboles milenarios fueron talados para invadir terreno, afectando el equilibrio ecosistémico.

Ante las mismas inundaciones y más problemáticas que han tenido que vivir estos habitantes, a lo largo del tiempo, no les ha importado reincidir en buscar de un lugar para vivir.

“240 familias fueron desalojadas en las últimas horas aquí, en una invasión, conocida como la Bendición de Dios, en el corregimiento de Bayunca. Ellos quedaron en la calle, como usted lo acaba de decir. Dicen que las autoridades, no solo quemaron, sino que destruyeron sus viviendas”, dijo en una emisión de Noticias Caracol, el periodista Leonel Quintana, desde ese barrio, que ahora toma por nombre Reino de Pembelé.

Todo era caos, todo era humo y correndillas. Las vías cerradas, nada de acceso a la población, porque este nuevo barrio había decidido asentarse en la Avenida Santander del corregimiento de Bayunca, al momento de este despliegue policial.

En estas condiciones están muchos de los sectores del barrio // Foto: Rodrigo Rodríguez.

Había sido otro momento más de desespero, que les había tocado vivir a la gente guerrera, como el Pambelé que pregonaban. “Ayer en la mañana, vinieron sin ninguna orden de desalojo, nos destruyeron las casas, luego nos las quemaron, nos sacaron a la fuerza, maltrataron a nuestros niños, menores de edad, y también a las madres”, dijo Jénnifer Julio, habitante del Reino de Pambelé. Según ella: “No tuvieron que ver, vivieron haciendo y deshaciendo”.

Ellos mismos se enfrentaban a la guerra, luego de que Luis Alberto Mendoza Ferrer, exinspector de Bayunca, quien además fue suspendido, asegurara que las tierras eran de una empresa privada y que era necesario el desalojo.

La insistencia, dentro de sus grandes deseos de conseguir una nueva vivienda, persistieron al punto de asentarse nuevamente, sin miedo al éxito, para derrotar la decisión del exinspector Mendoza Ferrer y conseguir, con propiedad, una vivienda.

Nada se queda ahí, aunque ya están asentados, y algunos, con las mismas uñas que demuestran la valentía y el coraje, construyen con esfuerzo sus hogares bajo la zozobra diaria de la pobreza y la desigualdad a la que son sometidos, en medio de ese contexto vulnerable. El miedo a más calamidades ambientales y el miedo al desalojo sigue latente.

Eran las cuatro de la mañana, del sábado 14 de noviembre del 2020, cuando dan aviso de que Reino de Pambelé y sus más de 300 familias estaban bajo las aguas que desbordaron los arroyos Matagente y el Batero, dejando damnificados a todos sin clemencia, dejados a la intemperie, sin comida y sin nada que vestir, la ropa mojada y un triste estado de desolación.

Era la tormenta Iota, que había dejado a la gente sin nada, pero con aliento para seguir sobreviviendo.

Ocho de la mañana, Jhon Arroyo Morales, estudiante de Licenciatura en Bilingüsmo de UniColombo, consejero de Juventudes del Distrito de Cartagena y bayunquero neto, se atreve a correr en socorro a la gente; se suma Tatiana Barrios, y quien les relata esta crónica, para adentrarnos en lo más profundo de la invasión, para apoyar en la salida de los niños y mujeres embarazadas, al tiempo que hacíamos periodismo para AT Noticias, diciéndole a la gente que la cosa estaba tan complicada como agitadora, que la gente estaba inundada hasta el tope.

Ya lo había dicho Estela Marrugo: “Puerto Adentro [el barrio que está al costado] fue declarado en 2010 como una zona de alto riesgo, el cual se inundó”. De hecho, en su momento, cuenta su versión de la gestión que hizo como presidenta de la JAC, la misma Secretaría del Interior de su momento, inició proyecciones para evacuar a no más de 30 familias que viven en Puerto Adentro y construirles en el casco urbano del Distrito de Cartagena. Rotundamente, dijeron que no, a sabiendas del riesgo. Cabe resaltar que, Reino de Pambelé, presenta el mismo riesgo      por estar al mismo nivel y muy cerca del cauce del arroyo de Matagente.

Así fue, ya a las tres de la tarde de ese mismo día en el que el Iota arrebató la tranquilidad, no había olla comunitaria que diera abastos para los damnificados. Bastó hacer una rifa relámpago entre quienes lideraron el proceso solidario y se arrendó un bus, de manera que los albergues que dispuso la Oficina Asesora para la Gestión del Riesgo y del Desastre de Cartagena, fueran ocupados por la gente, tanto el del Coliseo de Combate en Villa Olímpica, como el Coliseo Rocky Valdez sobre el Km. 1 de la vía a la Cordialidad.

Tuvo que pasar mucho para que se recuperan, pues las ayudas no fueron suficientes. De hecho, hasta ni para temas de convivencia ni ambientales, el Distrito ha llegado a la población, asegura Carlos Julio de Ávila, un habitante del Reino de Pambelé, quien dejó de guisar un pollo por ir a sentarse conmigo un rato a hablar sobre las cosas que han pasado, entre buenas y malas, que ayudan a crecer día a día a Reino de Pambelé.

“Aquí quien se ha presentado, cuando hemos tenido emergencia, ha sido Gestión del Riesgo y Cardique, que está pendiente con nosotros en la canalización del arroyo de Matagente, para evitar las inundaciones “, precisó Carlos.

Me explicó también que, en un momento, habían hecho un puente en Matagente y lo habían canalizado, pero no habían intervenido la parte que más afectaba, que parte del barrio El Campito, Puerto Adentro y Reino de Pambelé, que son contiguos al caudal.

“Hacia acá quedó estrecho, allá el caudal es inmenso, pero cuando desemboca hacia acá agarra fuerzas y va destrozando todo lo que consigue”, añadió.

Nadie se ha hecho presente en esta petición de la comunidad, aún cuando ya han presentado todas las acciones.

No en vano, han logrado conseguir un centenar de cosas, aunque ya les han negado muchas, y algunas otras no llegan porque no se constituye un terreno legal para algunas otras.

Lineth García, con una sonrisa, me escucha preguntarle sobre lo que han conseguido pujantemente para la comunidad. “A la fecha presente nos sentimos ‘rectificantes’, porque contamos con todos los servicios en este momento, tenemos nuestra agua; tenemos cuatro piletas comunitarias y tenemos servicio de energía, todo formado y legalizado”, aseguró. De hecho, Aida Rodríguez vende las bombonas de gas y “si alguno no tiene, yo le fío y luego me paga”, precisó la señora Aida convencida de que han luchado bastante y el camino es más largo.

Rectificante’ para ella y para muchos que utilizan frecuentemente el término, es el sentimiento que se logra cuando, por medio del esfuerzo y la lucha, consiguen beneficios y resultados positivos.

“Si no es con perro, se ‘montea’ con gato”, dice mi padre, el viejo Sowi, para decir que nada es en vano y que las oportunidades llegan y se aprovechan, aunque no sean exactamente para uno.

Eso fue lo que hicieron en Reino de Pambelé, cuando ante tantos problemas, lograron conseguir un poco más de lo necesario para subsistir.

Quién diría que no han logrado bastante, si por la espalda que le han dado las autoridades, según ellos aseguran, han logrado crear una Cívica, conformada por hombres que mantienen el control de la convivencia en el territorio. “Peleas no se ven, porque tenemos una cívica, que nosotros le pedimos la colaboración, le colaboramos [con dinero] a ellos y ellos nos ayudan en ese sentido. Cuando a alguien le han robado algo, lo poco que pueden tener, y se sabe quién es, porque los mismos vecinos se colaboran”, relata Carlos Julio.

En esta modalidad, los mismos vecinos dan aviso para recuperar los objetos hurtados. “Fulano estaba por aquí, fulano vino por acá y la Cívica se encarga de recuperar lo que le hayan robado. Eso ha sido lo que nos ha ayudado a ser un barrio, donde ni hay pelea, poco se oye que le robaron a nadie”.

Esta forma en la que cada uno se apoya es porque, gracias al sufrimiento y la lucha, han logrado ser un barrio unido y fuerte, ante cualquier circunstancia y ante los problemas que parecen ilimitados.

Han logrado estrechar orden en todo, tanto que, las piletas comunitarias del agua potable están distribuidas a lo largo y ancho de este terreno inmenso, dan utilidad con normalidad al líquido vital y el recibo se paga puntual.

De las cuatro piletas comunitarias, explica Lineth García que, entre las más de 400 familias, logran distribuir esas cuatro piletas, y luego, cada casa se hace cargo de una cuota para pagar las facturas que generan los medidores. Todo esto, porque hasta el mismo barrio se ha logrado organizar y crear un Comité del Agua en Reino de Pambelé.

Visita de funcionarios de la Oficina Asesora de Gestión del Riesgo y Desastres Cartagena // Foto: Rodrigo Rodríguez.

“Lo hemos logrado con la unión y la participación de toda la comunidad, de todo el barrio. De las 400 viviendas que están, hay cuatro piletas comunitarias divididas en trece calles. Hemos creado en cada pileta un Comité de Agua para así tener un reglamento y un cumplimiento de que no haya fugas de agua, de que los niños no estén jugando con el agua, de que se esté utilizando el agua adecuadamente y de revisar las piletas”, precisó Lineth, mientras trataba de detallar todo con muchísima cautela.

Es que, no es cosa menor, el mismo Carlos Julio de Ávila sirve de apoyo a sus vecinos en la instalación de los tubos para que les sea muchísimo más fácil a todos sus vecinos.

Antes de ir a revisar nuevamente el guiso de pollo que había dejado a fuego lento, aseguró que, lo anteriormente expuesto, “es correcto”.

Además, explica que “debido a que es un recurso necesario para todo Bayunca, no solo para el sector Pambelé, lo que hemos hecho es organizar la red de agua, de tal manera que no se desperdicie el agua y que, cuando una persona aún no ha tenido el medio para conectarse porque no ha comprado sus tubos, cuando los tenga que hacer, ya encuentre el punto organizado donde se va a instalar”.

Es por ello que, el desperdicio de agua no es tema al que estén acostumbrados en Reino de Pambelé. El mismo Carlos anotó que “es el agua de lluvia lo único que deambula por el barrio”. De hecho, la cancha no se utiliza en tiempos de lluvia, más porque se estanca ahí y es tan difícil poder sacarla. En ese tiempo, los niños deben esperar que drene y hacer otras actividades para matar el ocio.

Caminando hacia el puente que está en el caño del arroyo del Matagente, entendí que era justo y necesario el esparcimiento “montando palo”, como me respondió Nilson, un niño que estaba cogiendo mango a pleno sol de dos de la tarde. El imaginario de la felicidad estaba en su propio apogeo.

¿Saben algo? Me atrevo a decir que aquí no hay riquezas monetarias, pero me remonta a mi niñez cuando la vida se resolvía con los demás poniendo cada uno medio grano de arena, para hacer cosas buenas. “Con la comunidad hemos ido progresando, organizándonos, en el sentido de que cada quien colabora con su granito de arena, y vamos dando pasitos, porque pudiéramos haber tenido el barrio más organizado y en una mejor condición, debido a la situación económica de cada uno acá, no se ha podido programar aún más”, dijo con muchísima convicción Carlos Julio.

Y es que, aquí el protagonismo lo tiene la gente que ha construido a puño y sudor su hogar, porque no importa su nivel económico, importa la felicidad del niño Nilson por escalar su mango ‘e puerco, la solidaridad de Aida al fiar la bombona de gas, la disposición de Lineth en gestionar para las familias que ahí residen y la labor de Carlos Julio, proporcionando su mano de obra sin recibir nada a cambio, aún cuando deja su pollo guisando, sin miedo a que se queme, para contar la historia del progreso de esta comunidad. No se deja de lado a la gente que contribuye en sus comités de agua, para que cada familia tenga el líquido, y no se abandona a los miembros de la junta barrial, que cada día buscan progreso para todos.

Un dato extra, lamentable, fue que muchas familias quedaron en las calles y sin colchones, cuando el Iota les quitó la paciencia y les arrebató lo poco que tenían, pero ellos mismos son conscientes de que es necesario la unión y han decidido formarse para armar un equipo Combas [Comités Barriales de Emergencia], en el que ponen a disposición todos los dispositivos de emergencia para casos como estos:

“Yo hago parte como coordinadora del grupo Combas, y tenemos ya grupos de emergencia barrial, y también tenemos todos los dispositivos de emergencia, cuando se presentan este tipo de casos [como la tormenta Iota], por lo menos, ahorita en la segunda temporada de la lluvia, ya estamos toditos ‘convalecientes’, y estamos atentos a lo que se viene y a lo que se ha venido últimamente en estos meses de la segunda temporada de lluvia”, precisó Lineth.

Es Gestión de Riesgo quien ha hecho comités barriales y sensibilización y caracterización sobre este tipo de emergencia que se podrían presentar en temporada de lluvia, que afecta      principalmente a estas familias por el paso del arroyo en medio de sus calles.

Antes de ir a revisar su pollo guisado, Carlos Julio de Ávila fue preciso en decir que: “Ya visto hacia el futuro, hablamos un poco del presente y en poco tiempo, digamos diez años, que se ha estado organizando el barrio, podemos ver que es un ejemplo en la organización del propio Bayunca, que tiene muchos más años, que es la base aquí. Ninguno de los barrios de aquí de Bayunca está tan organizado como el Reino de Pambelé, y es uno de los últimos barrios de aquí”.

Así quedaron varios sectores de Reino de Pambelé después del paso del huracán Iota // Foto: Rodrigo Rodríguez.

Esas miradas hacia el futuro muestran una organización, unión y receptividad que logra precisar Carlos. “A veces hay que luchar un poco por la colaboración para algún beneficio que se va a hacer, por ejemplo, arreglar una placita, arreglar una calle, meter una tubería; se necesita recurso, y lo hacemos con nuestros propios esfuerzos como podemos, pero hablemos de algunos que ni siquiera les entra recurso de ningún tipo”.

Aquí no hay retos, solo son exonerados cuando no tienen, pero siempre hay disposición para apalancar, y lo han hecho bien.

Dijo Dionisio Miranda [Q.E.P.D], abogado que buscaba la legalización de este predio para la gente: “Pambelé, lo que tiene y obtuvo, fue peleando. Llegó a la victoria por esa vía, eso somos nosotros”. Aquí está lo tuyo, lo que has construido tú mismo, gente victoriosa y luchadora del Reino de Pambelé.

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