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Mujeres visten el cabildo de Getsemaní

Créditos
Juan Sebastian Osbon Morales, María de los Ángeles Arévalo Sanjuanelo.
Francys Lorena Caballero, en el centro, junto a varios vecinos que participaron en el recién Cabildo #35 de Getsemaní.//Fotos Cortesía. 
El cabildo de Getsemani es uno de los eventos más importantes de las fiestas novembrinas. Detrás de cada vestido hay una historia, y detrás de esa historia están las manos de las mujeres.
Francys Lorena Caballero, en el centro, junto a varios vecinos que participaron en el recién Cabildo #35 de Getsemaní.//Fotos Cortesía.
El cabildo de Getsemani es uno de los eventos más importantes de las fiestas novembrinas. Detrás de cada vestido hay una historia, y detrás de esa historia están las manos de las mujeres.

En el corazón de Cartagena, entre calles empedradas y murmullos de historias ancestrales, el cabildo de Getsemaní se erige como un faro de tradición y resistencia. En este desfile, que fusiona la herencia africana con la sátira de la corte española, ha trascendido el simple compás de la música para convertirse en el alma misma de una comunidad que desafía el olvido. 

Para aquellos que no conocen de esta festividad, el cabildo viene de la palabra cabildar, que significa discutir y es de tradición católica y europea. En España más específicamente en Sevilla existían cabildo de negros esclavos antes de que llegara a América. Cada cabildo se caracterizaba porque tenía su música, su toque de tambor y vestuario de acuerdo con su originalidad africana de la que provenían. 

Cuenta la historia que en Cartagena los esclavos tenían derecho a un día libre y festivo al año, inició el día 2 de febrero con la fiesta de La Candelaria, hay indicios de que la primera celebración fue en 1608, ese día ellos podían disfrazarse de amos, mostrándose como algo de prestigio y exhibir los mejores disfraces, de tal manera que les prestaban ropa de calidad y todo lo que llegasen a necesitar para desfilar y lucirse. Utilizaban la corte europea como fachada para festejar sus tradiciones ancestrales, un “marqués” podía significar un príncipe de su nación original como una deidad que bajaba y se apoderaba del cuerpo de quien lo representara.   

El cabildo de Getsemaní, con sus 35 años de historia, ha sido testigo del paso de personas que han aportado al crecimiento de esta festividad como lo ha hecho Francys Lorena Caballero Poveda, comunicadora social y periodista, que nos lleva de la mano de sus recuerdos impregnados en sus genes. Su familia es protagonista de una crónica que va más allá de un desfile; es un relato de vida, de lucha, de épocas difíciles, como la pausa forzada en el 2020-2021, donde la pandemia no logró silenciar el sonido de sus tambores ni apagar sus luces y brillo. Es una identidad que se resiste a desvanecerse en medio de la gentrificación que acecha a Getsemaní. 

 

Más que un desfile

 

Esta festividad se convierte en el ancla que une aquellos que crecieron y vivieron en el barrio pero que por algún motivo se fueron, con los que aún permanecen, es el punto de encuentro donde se mezclan todo tipo de sentimiento, donde la añoranza se disuelve en la alegría de la fiesta. Es más que un desfile; es la tierra prometida de un éxodo forzado. 

La fiesta y la tradición persiste con firmeza y resiste a irse y quedarse en el olvido, es por eso, que mujeres como Francys se empeñan en que cada año sea mejor que el anterior y es que creció viviendo de esta tradición de la mano de su papá, Miguel Caballero, y ahora con el relevo generacional en sus hijos y los hijos de todo aquel que creció en el barrio. “Ojalá siga creciendo esta familia cultural”, dice, y es que Getsemaní es resistencia al olvido, traducida en danza para que nunca desvanezca la tradición. 

El cabildo de Getsemaní también genera trabajo y se proyecta al crecimiento continuo. En 2023 los organizadores obtuvieron apoyo del sector privado, como el Centro de Convenciones, el proyecto San Francisco Investment y la Fundación Santo Domingo, porque año tras año necesitan vestuarios diferentes. Gracias al Ministerio de Cultura y a un proyecto con la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) lograron montar un taller de confecciones de disfraces. Hay contratadas unas cinco mujeres getsemanicenses que fueron capacitadas en parafernalia, en construcción de disfraces. Son ellas quienes elaboran los vestuarios de la reina, de las damas, de los cabildantes, de las princesas y de algunos grupos de la empresa privada que se han vinculado. 

Todas siguen trabajando por sus sueños como gestoras de las fiestas, visionando a que la Fundación Gimaní Cultural pueda construir un inventario de vestuarios, montar un museo o una galería. Así como tiene Barranquilla los trajes de sus reinas, poder ellas también mostrar los trajes de la reina del cabildo y de los demás cabildantes. 

 

La participación femenina 

 

El cabildo trasciende más allá de un baile, en su confección hay mujeres empoderadas, a las que se les genera una oportunidad laboral haciendo lo que les gusta, la participación femenina es un pilar fundamental para que el desfile pueda salir a la luz todos los años en noviembre, desde Canapote hasta Getsemaní. El último desfile se hizo bajo una intensa lluvia, pero ni eso aplacó la alegría y el color que ponen Nilda Meléndez, la Reina Vitalicia del Cabildo de Getsemaní y todos los integrantes. 

“La corte real es un matriarcado. Tenemos reinas, princesas, mujeres trabajando en el taller, muchas mujeres de la organización de Gimaní, la mayoría de su conformación son mujeres, esto demuestra que la presencia femenina es la que impulsa y jala el cabildo de Getsemaní es fuerte”, dice Francys con orgullo. “Las mujeres somos como dice la canción: Somos bravas leonas también”, puntualiza. 

El 11 de noviembre, la carroza charra recorre las calles en la madrugada, representando una tradición arraigada en festividades antiguas. Durante este evento, la carroza ofrece una serenata mientras la gente participa disfrazada con capuchones, reviviendo así una costumbre festiva. Además, la «macha» constituye un ritual de tambores que se lleva a cabo en la plaza, con raíces en la herencia de los esclavos africanos. 

Cartagena es fantástica desde su gente hasta sus fiestas, el aporte que realiza cada persona, en especial las mujeres de Getsemaní, es una contribución a la belleza cultural y patrimonial de la ciudad. 

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