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La Tortuga que no se rinde

Créditos
Valentina Batista y Samara Porras
La Tortuga que no se rinde

Las Tortugas Marinas fueron galardonadas en las más recientes fiestas de noviembre con el premio al Mejor Disfraz Colectivo. Revista Visor entrevistó a Carmen Jaramillo, líder del grupo. 

“Ahora en Cartagena nace un proyecto innovador, que busca ser protector y ambientalista. Esa cultura renace por rescatar disciplinas, y aplicando esas doctrinas desde ahora en adelante y ser muy perseverantes por las tortugas marinas”.

Con este pregonar se identifica la creadora de la comparsa las Tortugas Marinas, Carmen Edith Jaramillo Ospino, una persona multifacética y multifuncional, quien a sus 57 años es un ejemplo de perseverancia. 

Carmen Edith decidió ser una gran gestora cultural de Cartagena, ya que vive enamorada de sus tradiciones y música, de la diversidad de su fauna y flora que insiste en defender. Gracias al proyecto Tortugas Marinas, Carmen desarrolló una imagen auténtica que le ha permitido ser expuesta a nivel internacional, ella asegura que las bendiciones que ha recibido la han convertido en una verdadera embajadora de la cultura.  

La fundadora de las Tortugas se define como “la artesana del papel”, aquella que convierte en oro lo que para muchos es desechable, y no solo papel, pues con las mismas manos que toca la gaita mientras la interpreta, elabora diseños y accesorios heredados de las creencias indígenas. 

Los sueños de esta artesana son inquebrantables, tanto que casi ninguna enfermedad o calamidad podría estropearlos. Esta mujer, renacida de la misma desesperanza, cuenta con lágrimas y con voz quebrantada los momentos difíciles por los cuales ha atravesado: la muerte de su esposo y una rara enfermedad que la dejó sin poder movilizarse durante varios meses. Sin embargo, siguió adelante en lo que le apasiona, no desistió. En ese entonces, se llenaba de valor gracias a sus amigos más cercanos, sus tres hijos, y su “angelito en el cielo”, como llama al bebé que tuvo, pero murió al nacer.  

 

Sueños novembrinos 

 

Ella es imagen de la resiliencia, pues siente que gracias a que las fiestas de noviembre corren por sus venas, ha podido superar muchas tristezas. Con sabor y son, con su baile y tumbao, sin temor a demostrar lo que es, en cualquier rincón, sin importar qué público tenga al frente, se deja invadir por la alegría para demostrar sus cualidades de artista. Cuando mueve su pollera con estampados de colores vibrantes se le nota el sabor colombiano. 

Nació bajo la brisa que refresca a las orillas de la ciénaga de Zapatosa, en el municipio de Chimichagua, en el departamento del Cesar. Pero sus 47 años en el Corralito de Piedras la hacen sentirse hija adoptiva de Cartagena, una fiel enamorada de las olas del mar.  

 

Diversas habilidades 

 

Carmen no solamente se dedicó a la confección de artesanías, pues a medida que pasaban los años se percató de que la arquitectura podía estar acompañada del diseño, la bisutería y la docencia, es así como inició a darse a conocer en Cartagena, a través de proyectos colegiales. Ella recuerda particularmente un suceso que, siendo espontáneo, marca su carrera como artista plástica ambientalista: sus conocidos y amigos eran sabedores de sus grandes habilidades manuales, una tarde cualquiera llega a su casa uno de sus vecinos con su niña, a averiguar qué tal estaba de tiempo para crear un disfraz de un animal acuático, Jaramillo miró a la niña y despertó en ella la creatividad imaginando a la pequeña con un disfraz de Tortuga Marina, tan bien quedó el vestuario que se enamoró de él. 

Aunque tuvo miles de obstáculos, tanto de salud como económicos, con ojos llorosos Carmen confiesa que fue difícil la aceptación del público, ya que a las personas les daba vergüenza lucir este disfraz por lo raro que era. Su esposo, quien no está a su lado hace más de seis años, no creía ni veía futuro a este proyecto, pero como ella insistió.  

Aunque fue arduo el proceso de reconocimiento, pese a que antes le faltaban integrantes para poder salir a los desfiles, hoy le sobran participantes de apoyo, el trabajo ya no es solo con niños y adultos, las personas discapacitadas también forman parte importante en su proyecto. 

Como gestora cultural comprometida con el patrimonio y cultura de la ciudad, se disfrutó totalmente las recientes Fiestas de Independencia 2023. Los gritos y aplausos que recibía al pasar por la avenida Santander, la llenaban de regocijo y le reconfortaban tantas dolencias. “A esta edad no te puedo negar que es difícil cumplir toda una agenda festiva”, reconoce, sin embargo, se le vio con su bastón de mando liderar el desfile de su grupo, regalando mensajes de amor para el planeta, invitando a la preservación y cuidado de los animales marinos, centrando este proyecto a las siete especies de tortugas marinas que en sus disfraces hace alusión.  

 

Un merecido premio 

 

A partir del 2020 se postuló para participar en el desfile con su grupo las Tortugas Marinas, comenzando con un personal reducido de siete (entre familiares y vecinos), sin un grupo musical que la acompañase. Así se lanzó entonces al desfile más esperado por los cartageneros, el de la Independencia, en el que obtuvo el segundo lugar. “No obtuvimos remuneración monetaria, pero estaba complacida por saber que estaba en la retina de todos” dijo. 

Tres años después, en las fiestas del 2023, ganó el primer lugar en la categoría al “Mejor disfraz colectivo de las Fiestas de Independencia”. Al llegar al Teatro Adolfo Mejía a recibir el premio, su pecho se hinchó de felicidad y regocijo por este logro alcanzado, que al mirar ella hacia atrás todo su proceso, no cree que esa tortuga marina que fue renegada y excluida hace unos años, estuviera triunfando. 

 

Su amor al arte 

 

Desde que tiene uso de razón canta, baila y cose sus vestuarios, porque eso sí, en todos los concursos y programas donde las habilidades debían ser mostradas, Carmen lucía de primera, con esa sonrisa y carisma que posee. Sus padres fueron ese ejemplo para ella incursionar en el mundo del arte. “Mi mamá me alcahueteó todo eso”, comentó entre risas. “Ella me inculcó el amor por el arte y la naturaleza, desde pequeña me acompañaba a sembrar plantas y a cuidar el medio ambiente, ahora, ese es el mismo amor por el planeta que quiero inculca a mis hijos”, añadió. Y no solo a sus hijos, también a los niños de su proyecto Estímulo, a quienes incentiva a través de una canción llamada Ponte a Sembrá. 

“Definitivamente todo lo que he logrado son bendiciones, no creo en la suerte; Dios es el encargado de obrar en todas las formas conmigo, abriéndome las puertas través de alguien”, afirmó. Con una mirada hacia el cielo, la artesana del papel da gracias a Dios por todo el camino lleno de tropiezos, pero también de rosas por el que ha atravesado. Con un mensaje de vida y del cuidado al medio ambiente termina su historia: “Soy una guerrera de la vida, mujer imparable que no se detiene; soy aquella que te dice, si te caes… levántate”. 

 

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