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Ana Verbel: De jugadora de fútbol a entrenadora de sueños

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Lauren Cristina Acuña Cuentas
Ana Verbel les da indicaciones a sus pupilos del equipo Basilea CFC sobre el ejercicio a realizar/ Créditos: Lauren Acuña
Ana Verbel les da indicaciones a sus pupilos del equipo Basilea CFC sobre el ejercicio a realizar/ Créditos: Lauren Acuña

Desde niña, Ana Verbel ha vivido el fútbol como una pasión que trasciende la cancha. Hoy, a sus 20 años, transforma esa misma entrega en enseñanza, formando a otros mientras construye su propio camino en el deporte.

Ana vive el fútbol como quien respira: desde niña, entre familia, barrio y balón, construyó una relación profunda con el juego. Su camino no ha sido perfecto, pero siempre ha sabido levantarse y buscar espacios donde crecer y exigirse más. Hoy, más que jugar, disfruta enseñar y formar a otros con la misma pasión que la mueve, encontrando en ese rol una nueva forma de vivir el deporte. Es sencilla, auténtica y fiel a lo que le gusta, dentro y fuera de la cancha. A sus 20 años, entiende que el sueño no cambia, solo evoluciona, y ella sigue corriendo tras él.

Ana se ve tranquila y un poco cansada por el entrenamiento. Llegó a su casa en el barrio Olaya Herrera a la medianoche. Pero, eso no la detuvo a aceptar esta entrevista; ya que apenas la ponen a hablar de fútbol, no hay quien la detenga.

Toda su vida gira alrededor de este deporte, su mamá, Eliana Reyes, recuerda que desde los dos años comenzó a patear la pelota. A ella le agrada más que su hija se dedique a entrenadora que  a jugadora. “Realmente a mí no me gusta eso. Ajá, tú sabes que el fútbol tiene sus riesgos. Por ejemplo, los jugadores se quedan ahí tirados en la cancha por la fatiga o algún golpe”.

Esta cartagenera de 20 años soñaba con ser jugadora de fútbol, estar en las ligas mayores y que su nombre lo gritaran millares de espectadores en algún estadio. Esta pasión nació cuando jugaba a toquetear el balón con su primo Sebastián.

En la búsqueda del lugar para crecer

“Desde pequeña siempre me decían, Ana juega demasiado, Ana juega bien. Inscríbete en una escuela, tienes talento. Y desde ahí en adelante, entré a la escuela, como a los 13 años, entré a una escuela cercana al barrio, pero no me fue muy bien”.

“¿A qué te refieres con que no te fue muy bien?”, le pregunto.

“Cuando digo que me fue mal, me refiero a que no tenía un equipo con proyección. Sí había varias niñas, pero muchas no estaban por así decir, comprometidas como yo quería. No siempre iban a entrenar. El profesor tampoco buscaba partidos que valieran la pena. Y había una desorganización. Ahí duré varios meses y después me salí”, me aclara.

Sin embargo, esto no le impidió continuar la búsqueda de un equipo que le exigiera, que le sacara todo el potencial que Ana sabía que poseía. Cuando sus padres se separaron, Ana se mudó al barrio Junín con su padre, y ahí conoció a un niño cerca de su casa que jugaba en el equipo de Comfenalco.

“Si quieres ve, tú juegas conmigo y tú juegas bien. Y fue que intenté allá. Ahí duré casi un año, porque tenía la esperanza que el equipo creciera; y ahí fue donde más me pulí, y nos enfrentamos con Talentos”. A partir de ese partido contra Talentos FC, conoció al equipo y se integró de inmediato. Durante los dos años en los que hizo parte de él, tuvo la oportunidad de viajar a San Antero y a Galapa; era la primera vez que salía de Cartagena. Recuerda con especial cariño esos viajes, en los que forjó grandes amistades.

“Ana Verbel desde que llegó a la escuela se destacó como una jugadora muy entregada y disciplinada al deporte. Muy destacada en las posiciones que jugaba, yo la utilizaba como volante 6 y también como central, y en algunas ocasiones de lateral por izquierda. Tuvo la oportunidad de ir a algunos microciclos de selecciones Bolívar departamentales, y ahí se iba forjando poco a poco en la disciplina deportiva. Condiciones de atleta muy destacadas, las cuales le permitió estar entre una de las referentes acá del departamento de Bolívar”, declara el entrenador de Talentos FC, Evilso Torres, quien también la formó durante su paso en el equipo.

Ana Verbel cuando jugó en Talentos FC.//Archivo – Cortesía

Volver para enseñar

Su adiestramiento continuó en Cañoneros, donde tuvo la oportunidad de ir a Santa Marta. “Nosotros aprendimos mucho porque allá no siempre tuvimos la victoria. Pero tuvimos la relación con las demás chicas y todo eso. Conocimos mucho el lugar. Fue mi primera vez en Santa Marta”.

Y no ha sido la última, puesto que regresó a esta ciudad, pero esta vez como entrenadora; al torneo que la vio crecer. Esta vez va acompañando a “sus niños”, es así como se refiere a sus pupilos con mucho cariño.

Todo esto es narrado mientras sus primos Dylan y Alana de cuatro y dos años respectivamente juegan a pasarse la pelota. Pareciera que en esta casa solo se respira futbol. “Yo me acuerdo de que cuando son los mundiales, ahora es el que se va a llevar a este año va a ser una locura. Mi abuelo ponía el televisor en toda la terraza. Y eso era todas las familias, se venía la familia mía de acá y de acá. Y eso todo, desde que yo estaba chiquitica todos con el suéter puesto. Y el televisor y todo el mundo con su comida. Mi abuela hacía el poco e’ comida para todos, todo el mundo con sus cervecitas, sus vainas. Y yo ahí viendo el partido y todo el mundo, ¡vamos, vamos Colombia! Aquí todo el mundo es fanático, cada vez que juega Colombia. A veces nos decepcionan, pero todos somos muy amantes del fútbol”.

Tiene aproximadamente un año como formadora en el equipo Basilea CFC, y siente que ha ganado el respeto de sus pupilos y de los padres. Anhela que se inscriban más niños para crear la categoría Tetero, la cual es hasta los cuatro años. E incluso, una vez recibió un pupilo de 2 años, solo que, al ver que no hay pares en el equipo, la madre prefirió esperar a inscribirlo en un futuro por temor que lo lastimaran.

No es un caso aislado, la madre de Ana aun vive con ese temor, “una mala caída es lo que me intimida, porque a mi hijo Damián, el menor, le dio un golpe en la cabeza. Usted sabe que los hombres son más entrones, me dio dolor ese golpe”. La señora Eliana pensó que estas preocupaciones se acabarían cuando Ana decidió ser entrenadora, pero este amor por el futbol es un sentimiento que une a toda la familia.

Del sueño a la decisión

A medida que se aproximaba a la mayoría de edad, empezó a sentir el peso de una decisión que muchos deportistas enfrentan: qué hacer cuando el deporte ya no sea suficiente como proyecto de vida. En su caso, el fútbol había sido central, pero también entendía que no podía depender únicamente de eso. Por eso tomó una decisión práctica: formarse en otra área. Eligió estudiar Actividad Física en el SENA, no como renuncia al deporte, sino como una forma de ampliarlo.

Durante su proceso formativo, Ana pasó por distintas disciplinas y encontró en la variedad una forma de crecer. Participó en competencias de voleibol, fútbol y kickball, acumulando varios logros en equipo, mientras se abría paso por un aprendizaje diverso en el que, como ella misma cuenta entre risas, “aprendimos de todo un poco; nos faltó natación porque las piscinas no estaban habilitadas, pero también vimos algo de baloncesto, aunque nunca me llamó mucho la atención… Además, estoy bajita”. Lo dice burlándose de sí misma, con los ojos ligeramente achinados cada vez que sonríe.

Esa naturalidad con la que se describe también se refleja en su forma de presentarse al mundo: descomplicada, con el cabello casi siempre recogido y ropa amplia, tipo baggy, que acompaña ese aire despreocupado que la define. En conjunto, proyecta una imagen auténtica, de alguien que se siente cómoda con lo que es y no necesita exagerar para hacerse notar.

Se podría decir que por eso es muy querida por sus amistades, todavía conserva el contacto con algunas de ellas. Especialmente con la ficha 2922578 Actividad física, aún recuerda con nostalgia el número de su ficha de aprendizaje en el SENA. Sabe que tiene personas incondicionales que la van a apoyar siempre, una de ellas es Katerin; es guía turística. La conoció por medio de una amiga, y desde el primer día tuvieron esa conexión que ahora son inseparables.

“Otra amistad que tengo, que me dio el fútbol, es Mayra Mercado. Sé que cuando necesito un favor, ella me ayuda. En el deporte la hemos llorado, la hemos reído. En el paso de los momentos muy bonitos me he relacionado con su familia, y su familia me conoce”.

Con 20 años, Ana Verbel reconoce que esto es solo el comienzo, por lo que esta joven llena de sueños, sabe que tiene la tarea ardua de luchar por ellos. Primero, sería sacar el certificado de entrenadora profesional. Segundo, “una tienda deportiva que sea chévere. Vendería ahí de todo producto, sea deportivo, sea de fútbol, sea de gimnasio, cualquier cosa”.

De esta manera, Ana es el vivo ejemplo de que, aunque las cosas no salgan como se tenían pensadas; la pasión y el esfuerzo siempre te llevarán por caminos dichosos. Más con el deporte, el cual es capaz de cambiar vidas que impactan hasta en lo más recóndito del barrio Olaya Herrera, sector La Magdalena.

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