La revolución alimentaria que comenzó en la UTB

Cada 15 días, un grupo de campesinos de los Montes de María llega a la universidad a vender los alimentos que siembran y cosechan. El mercado es cada vez más aplaudido por la comunidad universitaria, evidencia de una creciente conciencia por la alimentación saludable.

Por Khatleen Sliger, Coordinadora de Comunicaciones Institucionales UTB

Desde que tiene memoria, Edilma Pérez de Carmona se levanta todos los días a las cinco de la mañana a colar el café, regar las matas, preparar el desayuno y a echarle un ojo a sus cultivos de yuca, plátano, berenjena y ají. Rutina sagrada para esta mujer de 65 años que ha dedicado más de cuatro décadas de su vida a cultivar alimentos en Matuya, corregimiento de María La Baja, en Bolívar. Allí en su parcela, ubicada a hora y media de viaje por carretera desde Cartagena, cultiva los frutos que luego vende en su pueblo y en las plazas de mercado de La Heroica.

Desde hace tres años, esta matrona también se echa los víveres al hombro para venderlos en la Plaza Maloka del Campus Tecnológico de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Lo hace como parte de la iniciativa ‘El mercado campesino en la UTB’, un proyecto que busca acercar a la ciudad y al campo mediante la alimentación saludable y el comercio justo, y que congrega, durante ocho horas y cada 15 días, a un grupo de campesinos montemarianos que le ofrecen, a estudiantes y empleados, papaya, maíz, guayaba, yuca, plátano, corozo, limón, berenjena, naranjas, bollo, queso y otros alimentos frescos, sanos y orgánicos, cultivados por sus manos y las de sus familias.

El mercado surgió en 2016 como una iniciativa cultural del proyecto ‘Metodologías participativas para la interpretación y la apropiación territorial de la construcción de paz en Montes de María’ para la Oficina del Alto Comisionado para La Paz y ha estado a cargo, desde entonces, del Grupo Regional de Memoria Histórica de la UTB a través de la profesora de la Coordinación de Humanidades, Liliana Ujueta.

“Me encanta vender en la UTB, porque todo lo que traemos se nos vende… y recogemos de una vez la platica, que es bastante. Estoy agradecida con la Universidad y con los profesores, en especial con Liliana Ujueta, que nos abrió el camino para poder vender allá”, comenta con desparpajo Edilma, quien ha criado a sus cinco hijos con los frutos de su parcela.

Uno de ellos es Karol Carmona Pérez. Para él la oportunidad que tiene su madre de vender en la universidad es un importante avance laboral: se trata de una plaza segura con la que cuentan cada quince días. Por eso su agradecimiento es total con la Universidad.

“Que mi madre pueda vender en la Universidad es una recompensa a todo el trabajo como mercaditera que toda su vida ha desempeñado”, dice Karol muy feliz.

Así como Edilma, Emperatriz Zúñiga de Julio lleva más de 30 años dedicándose a cultivar alimentos en el mismo corregimiento de Matuya. A sus 72 años dice que el trabajo no la cansa. Por el contrario, cuenta con alegría que cada quince días espera, ilusionada, llegar a la UTB para ofrecerle sus productos a los miembros de la comunidad universitaria.

“Las cocadas, pasteles y enyucados que llevo a la universidad gustan mucho. La venta en general allá es muy buena y muchas veces rápida”, dice Emperatriz.

Estas familias campesinas no son las únicas beneficiadas con ‘El mercado campesino en la UTB’. Profesores, estudiantes y administrativos de la universidad se sienten agradecidos por contar con una plaza de mercado en las instalaciones de su sitio de estudio y trabajo, en la que puedan interactuar con quienes estuvieron detrás de las cosechas desde su siembra.

Para el director de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Armando Mercado, acceder a estos espacios es tener la garantía y tranquilidad de saber que se compran productos que vienen directamente del campo. “Es apoyar la economía campesina y dignificar la labor de muchos campesinos que fueron víctimas del conflicto armado en los Montes de María”, puntualiza.

Por su parte, la estudiante del programa de Comunicación Social Claudia Lozano afirma que el mercadito campesino es una oportunidad muy importante tanto para los campesinos que traen los productos como para los estudiantes y la comunidad de la UTB en general, ya que ellos pueden distribuir sus productos y quienes lo compran lo hacen de una manera más fácil, segura y sobre todo libre de preservantes.

Edilma, Emperatriz y el resto de mercaditeras seguirán cada 15 días pisando los terrenos de la Universidad Tecnológica de Bolívar para ofrecerle a la comunidad los productos que ellas mismas cultivan: naturales, frescos y a precios justos.

El mercado campesino de la UTB escaló y lo hizo lejos. Gracias a este proyecto que se viene realizando desde 2016, la UTB pudo postularse con Growing food, Harvesting peace (Cultivar alimentos, cosechar la paz, en español), a la convocatoria del Departamento de Estado de los Estados Unidos e ICETEX en el marco del Fondo de Innovación 100.000 Strong in the Americas.

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